Un mes después del sismo del 10 de agosto
Una reflexión desde la ingeniería y el compromiso con la vida
Un mes después del sismo del 10 de agosto de 2026, Colombia continúa enfrentando sus consecuencias. Más allá de los efectos visibles sobre las edificaciones y la infraestructura, el evento dejó una profunda huella en miles de familias, para quienes la seguridad de sus viviendas y la recuperación de su patrimonio siguen siendo motivo de incertidumbre.
Ante una situación de esta magnitud, la ingeniería tiene una responsabilidad que trasciende los cálculos, los planos y las normas. Nuestra responsabilidad fundamental es con la vida humana.
Como Asociación Colombiana de Ingeniería Estructural, ACIES, consideramos necesario reconocer los esfuerzos realizados, analizar técnicamente los daños y extraer las lecciones que permitan estar mejor preparados para el próximo evento. Este comunicado recoge reflexiones derivadas de la participación de nuestros miembros en la evaluación de edificaciones afectadas y de las discusiones técnicas desarrolladas durante estas semanas. No se trata de emitir juicios apresurados. Se trata de aprender de lo ocurrido para reducir las consecuencias del siguiente terremoto.
1. Participación de los miembros de ACIES
Desde las primeras horas posteriores al sismo, profesionales vinculados a ACIES se han involucrado, desde diferentes escenarios y de acuerdo con sus posibilidades, en visitas de campo, inspecciones, revisión documental, análisis de daños, elaboración de conceptos y orientación a profesionales y comunidades. Esta participación representa uno de los valores más importantes de nuestra profesión: poner el conocimiento al servicio de la sociedad cuando más se necesita.
Las evaluaciones posteriores a un terremoto no son sencillas. Una grieta no constituye, por sí misma, un diagnóstico estructural; una edificación sin daños visibles no necesariamente está exenta de afectaciones; y la presencia de daños requiere establecer su alcance antes de definir las condiciones de uso. Cuando existan indicios de riesgo, pueden ser necesarias medidas preventivas mientras se completa la evaluación.
Cada caso requiere profesionales competentes y criterios técnicos adecuados. Por ello, ACIES hace un llamado a evitar diagnósticos definitivos basados únicamente en fotografías aisladas o apreciaciones informales. Las decisiones sobre la seguridad de una edificación deben sustentarse en conocimiento, evidencia y responsabilidad profesional.
2. El desempeño de las edificaciones diseñadas y construidas bajo la NSR-10
Uno de los aspectos que merece reconocimiento es el comportamiento favorable observado en numerosas edificaciones diseñadas y construidas bajo los requisitos del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10. Esta experiencia permite valorar décadas de desarrollo de la ingeniería sísmica colombiana y el trabajo de investigadores, diseñadores, constructores, interventores y supervisores.
El objetivo primordial de una norma sismorresistente es proteger la vida. Sus requisitos buscan que las edificaciones resistan movimientos de poca intensidad sin daño, movimientos moderados sin daño estructural, aunque con posible daño no estructural, y movimientos fuertes comparables a los de diseño con daños, pero sin colapso. Por ello, el desempeño debe analizarse en relación con las características del movimiento recibido en cada lugar.
Los daños severos y colapsos observados también ponen de manifiesto la necesidad de gestionar la vulnerabilidad existente. Nuestras ciudades incluyen edificaciones construidas bajo reglamentos anteriores, construcciones informales y estructuras que han sufrido modificaciones o deterioro. Cada situación debe estudiarse para comprender las causas del daño y definir las acciones necesarias.
El comportamiento sísmico depende de múltiples variables: las condiciones del terreno, la configuración estructural, los materiales, la calidad de construcción, el mantenimiento, las modificaciones posteriores y las características del movimiento. La experiencia no permite afirmar que toda edificación que cumple la NSR-10 tendrá daños menores, ni que toda construcción que no la cumple necesariamente colapsará.
El buen desempeño estructural tampoco significa ausencia de daño o continuidad inmediata del uso. Una edificación puede conservar su estabilidad y presentar afectaciones importantes en fachadas, divisiones, cielos rasos, redes o equipos. Es necesario diferenciar daño estructural, daño no estructural, pérdida de funcionalidad y riesgo para los ocupantes.
La NSR-10 establece requisitos mínimos y fundamentales. La seguridad depende de su correcta aplicación en el diseño, el detallado, la construcción y la supervisión, así como del mantenimiento posterior. Reconocer el valor del reglamento debe acompañarse de la disposición a identificar lo que puede y debe mejorarse.
Por ello, el contraste observado después del terremoto debe llevarnos a una conclusión equilibrada: las edificaciones diseñadas y construidas bajo criterios sismorresistentes han demostrado el valor de contar con una regulación técnica que reduzca el riesgo, mientras que los daños severos y colapsos observados en construcciones vulnerables evidencian el costo humano y material de no gestionar adecuadamente ese riesgo.
El terremoto del 10 de agosto vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de conocer y gestionar esa vulnerabilidad.
3. Propuestas de reparación
La recuperación de las edificaciones afectadas debe comenzar por comprender la causa del daño, determinar su alcance y establecer las condiciones de seguridad. Reparar no significa simplemente cubrir una grieta o devolver una edificación a su apariencia anterior.
Las intervenciones deben sustentarse en evaluaciones y diseños elaborados por profesionales competentes. Según cada caso, pueden comprender reparaciones de elementos no estructurales, intervenciones estructurales, reforzamientos o restricciones de uso. No existe una solución única: dos edificios con grietas visualmente similares pueden tener causas y niveles de riesgo diferentes.
Detrás de cada edificio existen familias, empresas y comunidades. La ingeniería debe actuar con rigor y humanidad, evitando soluciones improvisadas y decisiones insuficientemente sustentadas. La urgencia de recuperar el uso debe atenderse junto con las medidas de protección que requiera cada situación.
ACIES reitera su disposición de continuar colaborando, dentro de sus capacidades, en los procesos de evaluación, orientación y discusión técnica que contribuyan a una recuperación responsable. El conocimiento y la experiencia de sus profesionales constituyen su principal aporte a este esfuerzo.
Esta voluntad de colaboración no se limita a la respuesta inmediata. ACIES considera que el aprendizaje derivado del sismo debe convertirse en una oportunidad para fortalecer la cultura de prevención, mejorar las prácticas de evaluación y reparación y contribuir a que las decisiones que se adopten después del terremoto estén sustentadas en evidencia técnica y criterios de seguridad.
4. Reforzar las edificaciones vulnerables mediante un esfuerzo compartido
La recuperación debe aprovecharse para reducir la vulnerabilidad de las edificaciones dañadas. Cuando una construcción presentaba deficiencias antes del sismo, llevarla únicamente a su estado original implica mantener esas condiciones y la posibilidad de sufrir daños nuevamente. Por ello, la evaluación debe establecer tanto las reparaciones necesarias como las alternativas de reforzamiento que permitan mejorar su comportamiento frente a futuros terremotos.
Este propósito plantea un desafío técnico, social y económico. Muchos propietarios no cuentan con los recursos para asumir una intervención integral y, cuando las indemnizaciones de los seguros no cubran el reforzamiento necesario, será preciso buscar fuentes complementarias. La dificultad de financiarlo debe convocar un esfuerzo compartido para encontrar soluciones viables.
ACIES considera necesario promover la articulación entre los actores que pueden contribuir a este propósito:
Los propietarios y las copropiedades, facilitando la información y las evaluaciones, participando en las decisiones y definiendo los recursos que puedan aportar para la intervención.
Las autoridades nacionales y territoriales, coordinando la identificación de edificaciones prioritarias y evaluando programas de asistencia técnica, subsidios o cofinanciación, especialmente para hogares con menor capacidad económica.
Las aseguradoras y el sector financiero, precisando los recursos disponibles de acuerdo con las coberturas contratadas y explorando créditos y mecanismos de financiación que permitan complementar las reparaciones con el reforzamiento requerido.
Los profesionales, las asociaciones y la academia, aportando criterios de evaluación, alternativas técnicamente viables y orientación para definir prioridades, alcances y costos.
Los constructores, proveedores y organizaciones del sector privado, participando en alianzas que faciliten materiales, ejecución y apoyo económico bajo condiciones de calidad y seguimiento.
Una forma de iniciar sería desarrollar proyectos piloto en edificaciones vulnerables dañadas, seleccionadas según su condición técnica y las necesidades de sus ocupantes. Cada proyecto debería contar con un diagnóstico, un diseño de intervención, un presupuesto y un esquema de financiación que distinga los recursos asegurados de los aportes complementarios, además de los controles de ejecución correspondientes. Los resultados permitirían ajustar el mecanismo y extenderlo a otras comunidades.
5. Los elementos no estructurales y la protección de la vida
Una de las principales lecciones del terremoto es la necesidad de prestar mayor atención a los elementos no estructurales. Fachadas, muros divisorios, vidrios, cielos rasos, enchapes, antepechos, equipos e instalaciones pueden representar un peligro significativo cuando no están adecuadamente diseñados, instalados, anclados o mantenidos.
Una estructura puede mantenerse en pie y, aun así, presentar condiciones peligrosas dentro o alrededor de ella. El desprendimiento, la caída o el volcamiento de estos componentes pueden causar lesiones graves y pérdidas de vidas humanas. Proteger a los ocupantes exige atender estos riesgos como parte integral de la seguridad sísmica.
Es necesario fortalecer el diseño y la inspección de los soportes y anclajes, así como la capacidad de los elementos para admitir las deformaciones de la estructura. Esto requiere coordinación entre arquitectos, ingenieros, constructores y fabricantes, junto con el mantenimiento a cargo de propietarios y responsables de las edificaciones. La recuperación debe corregir las condiciones que originaron estos daños.
El desafío es pasar de una visión en la que la estructura constituye el único protagonista de la seguridad sísmica a una visión integral de la edificación. Una estructura segura debe estar acompañada de elementos no estructurales adecuadamente concebidos, instalados y asegurados
6. Conclusiones
El sismo del 10 de agosto nos deja dolor, pérdidas y preguntas que no pueden ser ignoradas. Pero también nos deja conocimiento.
Cada daño observado, cada edificación que resistió, cada elemento que falló y cada experiencia recogida en campo constituye información valiosa para mejorar nuestra capacidad de reducir el riesgo.
Como ingenieros, tenemos el deber de estudiar lo ocurrido con objetividad y humildad.
Debemos reconocer aquello que funcionó bien y, al mismo tiempo, tener la honestidad profesional para identificar aquello que puede y debe mejorarse.
El buen desempeño de numerosas edificaciones diseñadas y construidas bajo la NSR-10 representa un motivo para valorar el desarrollo de la ingeniería sismorresistente colombiana. Pero no debe convertirse en una razón para detener la evolución de nuestras prácticas.
Los terremotos nos recuerdan que las normas evolucionan porque la experiencia, la investigación y la evidencia también lo hacen. La tarea que tenemos por delante no consiste solamente en reparar los daños visibles. Debemos aprovechar esta experiencia para fortalecer la evaluación de edificaciones existentes, mejorar los procesos de diseño y construcción, reforzar la supervisión, prestar mayor atención a los elementos no estructurales y promover una cultura permanente de prevención.
También debemos recordar que el riesgo sísmico no desaparece cuando termina el movimiento. Permanece en las edificaciones vulnerables, en los elementos que no han sido adecuadamente asegurados, en las construcciones antiguas que requieren intervención y en aquellas decisiones que se toman sin suficiente información técnica. Por eso, la respuesta al sismo debe ser colectiva. La academia debe continuar investigando. Los profesionales deben continuar capacitándose. Las autoridades deben fortalecer sus mecanismos de prevención y control. Los propietarios deben asumir la responsabilidad sobre el mantenimiento y seguridad de sus edificaciones. Y las organizaciones profesionales debemos continuar aportando conocimiento al servicio de la sociedad.
La ingeniería sismorresistente existe, ante todo, para proteger la vida humana y como sociedad debemos avanzar también hacia la protección del patrimonio.
Asociación Colombiana de Ingeniería Estructural — ACIES